nuevamente en peligro la cultura de afganistan img 1200x6762021 08 17 09 58 45 1071511

Los talibanes habían llegado decididos a destruir cualquier vestigio de la cultura afgana y tras instalar explosivos y dar una escalofriante advertencia de que matarían a quien tratara de evitar el procedimiento, con este anunció llevaron a cabo su objetivo de volar en pedazos los Buda de Bamiyan, dos monumentos de 55 y 38 metros de altura, el primero del siglo IV y el segundo del siglo V, que desaparecieron en segundos. La imagen de la explosión le dio la vuelta al mundo el 10 de marzo de 2001.

Ahora, veinte años después, los talibanes han vuelto. La toma de Kabul ha generado temor e incertidumbre, no solo por todo lo que puede pasar en su tejido social, sino por su cultura. Adoctrinamiento, castigos o muerte parecen ser los elementos de un panorama sombrío, en el que, una vez más, los tesoros de la antigüedad, el arte y la historia del país están en la mira de la aniquilación.

Ahora, con las fuerzas de los talibanes asentadas en Kabul, la colección de más de 80.000 restos del Museo Nacional de Afganistán está en peligro. «Estamos muy preocupados por la seguridad de nuestro personal y colecciones», se temía días antes de la caída de la capital Mohammad Fahim Rahimi, director del museo.

Afganistán, cuenta con una inusual riqueza arqueológica y cultural. De alló, el budismo se extendió a China, mientras que el zoroastrismo, el cristianismo, el judaísmo y el hinduismo progresaron antes de la llegada del Islam en el siglo VII de nuestra era. Afganistán está llena de restos de antiguas ciudades, monasterios y caravanasares que alojaban a los viajeros, incluido al propio Marco Polo en su camino a la fascinante corte de Kublai Khan.

Sin embargo, los talibanes siguen una versión extremista del Islam que rechaza las representaciones de personas o animales y mira con recelo el pasado preislámico. Los responsables del legado cultural dudan sobre si estos grupos se comportarán como ya lo hicieron en 2001, cuando destrozaron los famosos budas de Bamiyan junto con otros objetos y estatuas del Museo de Kabul.

En un comunicado publicado en febrero, los líderes talibanes ordenaron a sus seguidores que «protegieran, vigilaran y conservaran con celo» las reliquias, parar las excavaciones ilegales y salvaguardar «todos los sitios históricos». Destacó también que implantarían una prohibición de vender objetos en el mercado de arte

La cultura afgana tiene a escritores y cineastas como Atiq Rahimi, quien se hizo famoso por el libro ‘La piedra de la paciencia’, una historia que él mismo llevó a la pantalla grande y que contaba la historia de una joven que se queda sola en su casa cuidando a su esposo en coma por culpa de una bala en un ataque.

En las últimas dos décadas el cine afgano había despegado con historias arriesgadas como ‘Osama’, acerca de una pequeña que se disfraza de niño para poder ir a la escuela durante el régimen talibán y se quedó con el Globo de Oro a mejor película en habla no inglesa.

Así como la producción ‘Buda explotó por vergüenza’ o ‘A las cinco de la tarde’, esta última en la que una niña lucha por ir a la escuela y sueña con llegar a dirigir a su país. Ejemplos de un cine que siempre denunció al régimen y al que se suma ‘The Breadwinner’ (El pan de la guerra), cinta animada inspirada en el libro homónimo de la escritora canadiense Debora Ellis, que se alimentó de los testimonios de mujeres y niñas refugiadas en campos de Rusia y Paquistán. La versión cinematográfica fue nominada al Óscar en 2018.

Pero ahora, Sahraa Karimi, la primera mujer en dirigir ‘Afghan Film’, la entidad cinematográfica más importante del país, no ha dejado de lanzar alertas acerca de lo que le espera a esa industria en el país. Ella, que escapó de Kabul, pidió auxilio para sus colegas realizadores.

La realizadora de ‘Maryam Ayesha’, un drama acerca del embarazo y el aborto que estuvo en el apartado Horizontes de la Mostra de Venecia en el 2019 y del documental ‘Mujeres afganas detrás del volante’, asegura que a pesar de estar lejos de su país quiere seguir contando sus historias, la de su cultura y una generación que afronta otro crudo episodio.