El regreso de Bertrand Cantat al ojo público nunca ha sido sencillo. Su figura, antaño adorada como símbolo del rock francés, quedó marcada por la tragedia en 2003, cuando su pareja, la actriz Marie Trintignant, murió tras una violenta pelea en una habitación de hotel en Vilna. Ahora, más de veinte años después, Netflix desempolva el caso en su nueva docuserie De rockstar a asesino: El caso Cantat, una producción que reabre heridas y vuelve a dividir a la audiencia francesa.

Lanzada originalmente en Francia como De rockstar à tueur : Le cas Cantat, la miniserie documental de tres episodios ahonda en uno de los crímenes más mediáticos y moralmente complejos de la cultura contemporánea europea. Lo hace con una mezcla intensa de imágenes de archivo, testimonios periodísticos e intervenciones de autoras como Anne-Sophie Jahn y Michelle Fines, que no rehúyen mostrar las múltiples capas de un caso aún incómodo de digerir.

Un rockero, una actriz y una nación paralizada

Bertrand Cantat no era solo el vocalista de Noir Désir, una de las bandas más influyentes del rock alternativo francés. Era, para muchos, un portavoz generacional. Su caída fue tan estrepitosa como dolorosa, y Netflix lo entiende bien: por eso, el relato arranca con crudeza desde aquella noche de 2003, cuando la discusión con Trintignant desembocó en una tragedia irreversible.

Según FranceInfo, la serie revive con precisión los momentos clave del juicio y el contexto social de la época, destacando cómo la violencia de género, aún tratada de forma desigual en los medios, comenzaba a colarse en la agenda política y cultural de Francia. La reconstrucción del caso no se limita a los hechos conocidos: añade matices, incluyendo el testimonio del entorno cercano de la pareja y la inquietante muerte por suicidio de Krisztina Rády, esposa de Cantat, en 2010.

Silencios incómodos y el peso de la fama

Uno de los elementos más impactantes del documental es, precisamente, la ausencia de Cantat. No hay testimonio suyo directo. Este silencio, lejos de restar valor narrativo, potencia la tensión moral: ¿cómo entender al agresor cuando decide no hablar? ¿Puede una figura pública reconstruirse después de semejante acto? Estas preguntas, aún sin respuestas simples, forman la columna vertebral emocional del relato.

La producción de Netflix no busca redención, ni se atreve a convertir la serie en un espectáculo morboso. Más bien, como apunta Le Monde, el enfoque es clínico, casi quirúrgico. La docuserie evita giros dramáticos innecesarios, apoyándose en materiales judiciales y mediáticos que permiten al espectador revivir, sin manipulación, el pulso social de aquella Francia dividida entre quienes pedían castigo ejemplar y quienes, aún en la tragedia, intentaban comprender al ídolo caído.

Un caso aún vigente en el debate público

Más allá del crimen, De rockstar a asesino: El caso Cantat es un testimonio sobre la memoria colectiva. El intento de Cantat por regresar a los escenarios en 2013 reabrió el debate sobre el perdón público, el rol de los medios y el tratamiento judicial de la violencia contra las mujeres. La serie se detiene en ese momento, mostrando con claridad cómo la sociedad francesa aún no ha cerrado este capítulo.

A diferencia de otras propuestas true crime, esta docuserie no busca el suspenso ni el morbo fácil. No hay asesinos seriales, ni desapariciones misteriosas. Hay un rostro conocido, una historia que creíamos archivada, y una herida que sigue abierta. Desde su estreno, De rockstar a asesino: El caso Cantat ya ha generado discusión en redes y medios, convirtiéndose en una experiencia que va más allá del entretenimiento.

¿Puede el arte (o el documental) reabrir con justicia casos pasados, o solo remueve un dolor ya ineludible?

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