El film cuenta la historia de cómo en Afganistán muchas niñas no pueden participar en deportes, jóvenes que buscan superar estas barreras a través del patinaje, donde además de practicar el deporte, logran aprender a leer y a escribir. Para transformar el mundo se necesitan pequeñas y contundentes acciones. Así lo demuestra este documental “Aprendiendo a patinar en zona de guerra” [“Learning to Skateboard in a Warzone (if you’re a girl)”] que llega al canal Lifetime en Latinoamérica.

Enfocado en una escuela de skate en Kabul dedicada a la enseñanza de niñas y adolescentes afganas. Hay una nueva generación de niñas afganas que creen que pueden hacer cualquier cosa y “Aprendiendo a patinar en zona de guerra” cuenta la historia

GRAN ESTRENO DOMINGO 11 DE OCTUBRE
10:00PM MEX / 09:00PM COL / ARG 11:00PM

La película sigue a una clase de niñas en Skateistan, una organización sin fines de lucro que comenzó como una escuela de patinaje en Kabul en 2007 y se convirtió en una iniciativa educativa multinacional, que se enfoca en reclutar niñas de vecindarios empobrecidos no sólo para enseñarles a andar en patineta, sino para ayudar a educarlas.

Las niñas de la película asisten a un programa de regreso a clase que consiste en 3 horas diarias de instrucción educativa, con el objetivo de preparar a aquellas que no están dentro del sistema de la educación formal para matricularse en la escuela pública. En el filme, además, las niñas se sientan frente a cámara y hablan de sus vidas personales.  

Considerado como el mejor film de su género por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMPAS, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, lo que le otorgó el Oscar en su 92ª ceremonia este año, el documental producido por A+E, y dirigido por Carol Dysinger, “es una carta de amor a las niñas de Afganistán”, según declaró la cineasta, a quienes considera las personas más atrevidas, valientes y divertidas que jamás haya conocido.

Con la producción de Elena Andreicheva, el laureado proyecto audiovisual de Dysingerda cuenta de cómo en Afganistán muchas niñas no pueden participar en deportes. Las normas culturales y religiosas, junto con otros factores como las preocupaciones por la seguridad y los años de guerra, han resultado en las escasas oportunidades deportivas y recreativas que se han limitado para las mujeres y niñas, siendo las más afectadas aquellas que provienen de vecindarios empobrecidos.

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En el transcurso del año escolar, las niñas crecen y se empoderan a través de la alegría de andar en patineta y la calidez e inspiración de las mujeres que les enseñan. Para las niñas, como se plasma a través de la lente de Carol, la oportunidad de patinar presenta una experiencia única. Ellas compiten, juegan, aprenden sus fortalezas y ganan coraje, habilidades para la vida que trascenderán la patineta y el salón de clases para ayudarlas a adaptarse y prosperar con las muchas oportunidades cambiantes a su disposición.

En una ciudad en donde los atentados, los secuestros y la marcada violencia contra la mujer es un poderío común, niñas son un reflejo de supervivencia.

He pasado los últimos 15 años filmando en Afganistán. Al principio filmé a los hombres (Camp Victory, Afganistán). Allí, los géneros están muy divididos, especialmente en las zonas rurales donde trabajé y se considera de mala educación preguntar por la familia de un hombre, especialmente por su esposa”, contó Dysinger. “Pero pude ir lograr ir con las familias, conocer a las esposas y a los niños y niñas”, aseguró.

Quería hacer una película que mostrara Skateistan, pero también la libertad que las niñas pueden encontrar ahí. Estas no son chicas con vidas físicamente activas y atléticas, no dan vueltas ni bailan con videos, por lo que la patineta es algo verdaderamente extraño para ellas”, agrega la directora. “A ellas no se les permite andar en bicicleta, pero no existe una regla religiosa contra las patinetas. Así que aquí están. Las chicas de Afganistán, las chicas pobres que no quieren nada más que moverse y aprender, pero tienen mucho que superar para llegar allí. Las chicas de Afganistán son las personas más fuertes y dulces que he conocido. Fue maravilloso hacer una película en un lugar donde encontraban su libertad para moverse, aprender y defenderse”, concluyó Dysinger.

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